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Cabaña
"La Patricia"
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Mortalidad en el Nido |
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de la mitad de las muertes que se producen en los nidos pueden ser evitadas.
Entre nosotros, donde la cunicultura se desarrolla en ambientes naturales
o con ventilación natural según el caso, los gazapos muertos
en los días más fríos o mas calidos, suelen ser bastantes
numerosos, igual que los que mueren por accidentes provocados deficiencias
en las instalaciones. También la propia madre contribuye a aumentar
la perdida de crías de pocos días y el operador, al no resolver
a tiempo o adecuadamente la situación de los nidos. Todo este conjunto
de circunstancias hace, cuanto menos, al 50% de las bajas que se producen
durante la lactancia. El resto deviene de la propia naturaleza del animal,
y sobre ella no se tiene otro modo de actuar que a favor de la prevención. La mortalidad habitual en los nidos es del 15 al 20% aunque en algunas granjas suele ser mayor aún. Esta tasa es muy desproporcionada conociendo los medios para llevarla a índices mucho más razonables. Vamos a fijar nuestro criterio respecto de la mortalidad "lógica" de nido para luego explicar la forma de no sobrepasarla. La viabilidad de los gazapos en la lactancia merece la mayor atención ya que los bajos índices se pueden dar con relativa facilidad atentando notoriamente contra los rendimientos generales. La viabilidad en nido puede y debe ser superior al 90%, lo que equivale a decir que las bajas no deben sumar más del 10%. Para que esto ocurra la primera medida que el productor tiene que tomar es sobre sus instalaciones de jaulas, las que tienen que permitir aislar a voluntad a la coneja de sus crías. Cuando la madre tiene libre acceso al nido provoca muchos accidentes, y hay otros en los que no tiene parte pero se puede evitar. Los primeros acontecen cuando la coneja penetra al nido en un rapto de nerviosismo e inseguridad al que son tan propensas aplastando a las crías con las patas, u aun atacándolas en el afán de defenderlas de un supuesto peligro, dejando por lo general un saldo de muertos entre los lactantes. Por cierto esta actitud común de las conejas da malos resultados y aunque en ese momento no haya algún animal muerto, puede suceder posteriormente a consecuencia del desparramo que suelen hacer entre la prole y la cama del nido, cuando los gazapos tienen pocos días de vida. Los otros accidentes mencionados no imputables a la coneja y que también provocan bajas, se refiere a los gazapos pequeños que caen del nido sin que la madre pueda hacer nada por ellos. La prole en los meses de invierno es presa fácil del frío. Esta alternativa se contrarresta en su totalidad con el sistema del amamantamiento controlado, ya sea en instalaciones bajo techo como a cielo abierto. En ambas son susceptibles de aplicarse. Con la práctica de dicho sistema se logra incrementar en varios puntos la tasa de viabilidad. Otras dos medidas que coadyuvan para mantenerla dentro de las mejores opciones se relacionan a los nacimientos. La gran prolificidad de esta especie atenta muchas veces contra las verdaderas posibilidades de supervivencia de los recién nacidos. Hay conejas que tienen mas gazapos de los que en realidad pueden criar. De no mediar una actitud del operador, es probable que muera mayor cantidad que si se les hubiera regulado el número. Ya hemos dicho que la capacidad máxima para una buena crianza es de 8 vástagos. Cuando se verifica un nacimiento, lo primero que hay que hacer para aumentar las posibilidades de viabilidad es proceder al sacrificio de los animales débiles y con escaso desarrollo. De no mediar esta acción, la naturaleza se encargará; pero siempre que tengan vida les están restando espacio a los demás. Por lo tanto, al sacrificio de los que no serán útiles debe seguir la regulación del número de la camada. La mayor cantidad de muertes en el nido se produce entre el tercer y quinto día, pero tanto en invierno como en verano, si las condiciones de crianza son deficientes, se producen numerosas bajas en los días posteriores. A partir del nacimiento hay que controlar diariamente el estado de la nidada para tener la opción de intercambiar los animales que van quedando rezagados en su desarrollo o detectar las camadas insuficientemente alimentadas o abandonadas, circunstancia que puede darse cuando se fuerza el ritmo de la reproducción. Además, con la revisacion pueden enmendarse las alteraciones que vayan surgiendo de las condiciones del nido (camas húmedas, carentes de material, nidada con cantidad inadecuada pelo, etc.). Todas estas circunstancias hacen en su conjunto al 50% o más de las muertes en los nidos con los sistemas tradicionales de crianza. Pero como son evitables en su totalidad, depende de cada productor que en este ciclo se obtenga una viabilidad superior al 90%. Las bajas sobre las cuales no se tienen suficiente manejo so originan por causas hereditarias o patológicas y están encuadradas dentro de ese margen máximo de 10% a que hacemos referencia como mortalidad de nido, insoslayable al menos, hasta el presente. |
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